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miércoles, 5 de octubre de 2011

LOS TOROS Y EL LEÓN

LOS TOROS Y EL LEÓN

(fábula)

Tres toros bravos marchaban siempre juntos para mejor defenderse contra los peligros y amenazas de otros animales cazadores. Uno era de piel blanca, el otro la tenía de color rojo y el tercero la lucía de negro. Los tres unidos por todas partes campaban seguros de sus fuerzas, pues las aunaban.
Un día vieron acercarse hasta ellos a un león y enseguida cerraron filas en estrecha formación.
Mas el león no mostró ninguna animadversión en la voz con que tranquilamente les habló:
-Nada teman de mí los señores toros,
Que el motivo de mi visita es amistosa,
Pues no me trae aquí sino otra cosa
Que la de que nos unamos juntos todos.
Si yo me uno a ustedes y vosotros a mí,
Ustedes podrán pastar la hierba sin ningún miedo
Mientras a su alrededor yo vigilándoles quedo;
No tendrá que estar uno de ustedes haciéndolo así.
El toro blanco era el más receloso y por eso aún más indagó:
-¿Qué ganas tú, león,
Con esta proposición?
El león no lo pensó y la respuesta pareció cierta:
-También yo me sentiré más protegido
Cuando llegue la oscuridad, mis amigos;
Hay muchos leopardos y tigres furtivos
Que me consideran como su enemigo.
Ustedes me pueden ofrecer protección
Como a ustedes también se la ofrezco yo.
En tanto los toros debatían el asunto entre ellos, el león se echó sobre la hierba y su frescor.
-Me parece que es sincero –dijo el toro rojo.
-Recelemos de él primero –opuso el toro blanco.
-Con nosotros no lo quiero –rechazó el toro negro.
Pero a lo largo del debate se fueron cambiando posturas y acabaron por consenso en aceptar la locura y creer en la posibilidad de que con ellos el león pudiera medrar.
-Bien, te concedemos el beneficio de la duda
Y estamos de acuerdo en aceptar tu propuesta,
León; tu lealtad se verá cuandos nos acuda
Un peligro o una amenaza desde la foresta.
El toro rojo hizo de portavoz, inclinado desde el principio a favor del león.
Y así, en los subsiguientes días, el león y los tres toros compartieron sus destinos, mostrándose pronto el felino como un socio inmejorable para asegurar la supervivencia de los miembros del grupo.
Un buen día el león departió aparte con el toro rojo en los siguientes términos:
-¿Te diste cuenta, amigo,
De que el blanco toro
Representa un peligro
Para todos nosotros?
-¿Y cómo es eso, león?
-Escucha mi explicación:
De día, en la sabana, su color blanco se destaca mucho, viéndose a gran distancia como una bandera blanca, y cuando llega la noche igualmente se le divisa como si fuera la luna brillando en la oscuridad.
-Creo que tienes toda la razón,
Pero ¿cuál sería la solución?
-Echarle de nuestra asociación.
-Es fácil que él nos diga que no
Y se niegue a dejarnos; mejor
Será si le damos muerte, león,
Sin que sepa nada de la cuestión.
Sacó pecho el león:
-Para eso está aquí un servidor.
Pero antes conviene convencer también
Al toro negro, para que esté de acuerdo
Y sepa que es para nosotros en bien;
Con todos en consenso, yo voy y le muerdo.
El toro rojo convino también en que era lo más adecuado informar al toro negro de la resolución tomada por ellos dos, y si el león solo se bastó para convencer a un toro sobre qué era lo mejor para el grupo, cómo entre los dos no iban a convencer a otro solo; a pesar de sus plañideros reparos, el toro negro fue convencido de la necesidad de librarse del toro de color blanco.
Exentos así el toro negro y el toro rojo del acto ejecutor, recayendo el hecho abominable sobre las espaldas del sufrido león, se mantuvieron aparte mientras se realizaba la eliminación del toro con color delator.
El león, así pues, dio buena cuenta de la vida del toro blanco al no encontrar ninguna oposición en una víctima confiada y desprevenida, que no esperaba tan artero ataque por parte de quien consederaba amigo. Cuando sólo restaron los huesos mondos y lirondos al cadáver del toro albo, inmolado en aras de la seguridad del grupo, los ahora sólo tres amigos continuaron con su camino y con su vida habitual en total armonía y hermandad.
Aunque desde el día en que se les uniera el león no volvieron a correr ningún peligro por el ataque de algún depredador, los toros convenían en que ahora parecían sentirse más seguros.
No obstante, bien que pasaron unos días, el león tornó a buscar la compañía en solitario del toro rojo sosteniendo con él una nueva conversación al respecto de la seguridad del grupo.
-Estoy preocupado.
-Sí, ya lo he notado,
Pero no sé la razón
De tu gran preocupación.
-La razón por la que no me alegro
Es porque nuestra vida está en peligro
Por la sola culpa del toro negro;
Con todo mi pesar lo atestiguo.
Le sorprendió al toro rojo tamaña revelación, creyendo como bien creía que con la supresión del toro blanco se hallaba cerrada la cuestión.
Así que preguntó con un temblor en la voz:
-¿Y cómo es la cosa así,
Que nada de nada yo sentí?
Contestó el león sin ninguna emoción:
-¿No os habéis fijado por ventura
Que si bien el toro negro se oculta
Perfectamente en la hora nocturna
Y en la profundidad de la espesura,
Cuando el día a la noche turna
El fuerte color de su piel oscura
Hace que el enemigo nos descubra
De una manera harto fácil y segura?
Os tenía por bestia instruida y culta
Que piensa con claridad y elucubra.
La evidencia de lo expuesto dejó al toro transido y traspuesto. Con tan colorido argumento el león acabó nuevamente por convencer al toro rojo de que la seguridad del grupo dependía de la eliminación del toro negro delator a su pesar de la presencia de todos.
Y nuevamente, claro, la mano ejecutora de la horrenda acción, en este caso, boca, sería la del león, viéndose el toro rojo libre del ejercicio de suprimir la vida de un congénere.
Así, el toro rojo se apartó lejos mientras el león daba cuenta del cuerpo sabroso del toro negro, no llegándole quizá hasta donde estaba ni los rugidos del león al cercenarle el cuello al toro negro.
Dada cuenta por parte del león del la totalidad de las carnes del toro negro, éste y el toro rojo prosiguieron su marcha en santa paz, secándose los huesos del toro negro al sol de África tras terminar de ser mondados por los buitres y los grajos
Transcurridos unos días el león se dirigió al toro rojo con la gravedad que el momento requería:
-Ahora sí me siento seguro.
Estuvo de acuerdo el toro rojo:
-Lo prueba que no pasamos apuro
Alguno desde que estamos solos;
La culpa era de los otros toros.
El león negó con la cabeza y aclaró la confusión:
-Amigo mío, no me refería a eso,
Sino a que te la he dado con queso:
Cuando os vi a los tres por el prado,
Unidos cual amigos, juntos en rebaño,
Me pareció un trabajo muy esforzado
Tratar de ocasionaros el menor daño,
Pues vi que vuestra unión era tan fuerte
Que evitaría que fueseis el almuerzo
De cualquier animal. Así pues, mastuerzo,
Me dije: Haz que cambie esta tal suerte,
Y me uní a vosotros como vuestro amigo
Para comeros; siempre fui el enemigo.
Contra tres toros a la vez no podía,
Pero de uno en uno la victoria es mía.
Y a continuación, con un rugido le atacó.
La moraleja de esta fábula que me refirió un amigo marroquí de Kenifra, y que él atribuyó a su abuelo, es clara y evidente, el viejo axioma de divide y vencerás, pero asímismo y para el caso puede valer:
La desunión de un grupo como empresa
convertirá a cada miembro en tu presa.
*
Obra de José Ruiz DelAmor
Versión basada en un cuento popular marroquí
*
***
*

miércoles, 28 de septiembre de 2011

LA LUZ DE LA LUCIÉRNAGA

LA LUZ DE LA LUCIÉRNAGA

(fábula)

¡Cuántos, carentes de seso

mueren a causa del sexo!




Millones de minúsculos destellos luminosos poblaban el aire y la tierra de la oscuridad nemorosa, pulsando iridiscentes en la negrura del manto vespertino cuasi estival. Un macho joven de luciérnaga -osado sería denominarlo luciérnago- sobrevolaba el terreno con suma avidez, como otros muchos hacían, fijando sus ocelos afacetados en las luces destellantes para descubrir a la inequívoca hembra de su especie que se encontrase en estado receptivo para ser la engendradora de su prole, para diseminar en ella, en su interior cálido y acogedor, su preciada semilla reproductora; para un ojo humano, las luces que desprenden los extremos de las luciérnagas hembras pueden parecer iguales, sin diferencia alguna, pero para los machos de luciérnaga, más sutiles en capacidad, deben distinguir entre múltiples tonos focales cuáles pertenecen a su propia especie, pues no sería recibido con flores precisamente por parte de la hembra aquel que se equivocase de especie, yéndole la vida casi con toda seguridad en el error.

El macho referido halló al fin el faro que le conduciría a buen puerto, y se dejó caer a tierra apresuradamente; preciso era darse prisa, pues otro macho de su misma especie podría adelantársele. Aterrizado sobre la hojarasca del bosque, se movió raudo, sorteando ramitas y hojas briznadas, acercándose al motivo de sus desvelos. La hembra de luciérnaga seguía, sola, semioculta bajo una hoja, emitiendo incesantemente sus flases luminosos. El macho, ya muy próximo a ella, estudió los alrededores cerciorándose de ser él el único y primer llegado al reclamo apareatorio de la fémina. Visto el campo expedito, se detuvo, en la contemplación de la hembra y de su luz, aquella de muy superior tamaño al de él; por tal motivo las hembras de luciérnaga siempre le producían temor: sus superiores enormes dimensiones. Se aproximó con cierta cautela en principio pero acelerado al poco el paso, apremiado por el aroma de las feromonas que se desparramaban por el ambiente y por la cercanía de la hembra; embriagado de amor. Excitado, se abalanzó sobre el cuerpo calmo de la luciérnaga, que aún continuaba destellando, palpándola con sus extremidades por toda su fisonomía para aumentar así su emotividad receptiva. La hembra le dejó hacer sin inmutarse, aparentemente satisfecha y tolerante.

Improvisadamente, la hembra se movió bruscamente, atrapando y aprisionando al macho bajo su cuerpo, comenzando acto seguido a devorar despiada al torpe macho que no supo calibrar el mensaje de la llamada luminosa de la hembra de luciérnaga: no se trataba de un reclamo de amor, sino de una trampa para obtener una fácil cena.
Moraleja:

Nunca pierdas la cabeza por el sexo,

que no vale la pena morir por eso.
*
Obra de José Ruiz DelAmor
De "Fábulas Fabulosas"
*
***
*

jueves, 15 de septiembre de 2011

EL ORIGEN DEL MAR MENOR Y DE MURCIA


EL ORIGEN DEL MAR MENOR Y DE MURCIA


(apólogo)


El dios del mar, Neptuno, requirió en tiempos remotos en amores a la diosa de la belleza y del

amor, Venus.

-Y a cambio de mis favores, ¿qué piensas ofrecerme?... Porque no creerás que voy a

consentir en hacer el amor contigo a cambio de nada -objetó ésta.

-Dime qué quieres y te lo conseguiré. Palabra de dios -le dio opción a elegir el gordo dios

de los mares.

-Una piscina junto a la costa más hermosa y asoleada de la toda la Tierra es lo que quiero;

no me gusta bañarme en las aguas saladas del mar -fue la elección de la bella casquivana.

-Sea. Te la construiré.

-Vuelve cuando lo hayas hecho, no antes.

Neptuno se sumergió en las aguas marinas y partió en busca del emplazamiento adecuado a

los deseos de la caprichosa diosa. Llegó tras larga búsqueda al Sureste de la península ibérica,

a Hispania, y se dijo que no hallaría mejor lugar que aquél para su propósito. Sin salir del

agua se puso manos a la obra, construyendo en poco tiempo un istmo de rocas que aislaba

una sección del Mare Nostrum; desaló las aguas y arenó el fondo, y no se detuvo hasta no

quedar satisfecho de su labor.

-Me ha salido una piscina divina -se dijo pomposamente.

Y volvió al monte Olimpo, donde la hermosa.

-Venid conmigo, ya os construí vuestra piscina -le dijo a Venus.

-Vayamos pues a verla -aceptó la dea.

Cuando fueron llegados a las costas mediterráneas, la veleidosa diosa se mostró

insatisfecha del trabajo realizado por el obeso gobernante del océano.

-No me gusta; yo la quería más al interior.

-¿Qué?... Pero ¡bueno!...

-Ya lo sabes: más al interior; que no quiero que tú te pases el tiempo observándome

mientras me baño desnuda, pillín.

El razonamiento le pareció al dios traído por los pelos, pues para qué querría mirar si se iba

a acostar con ella antes, pero tuvo que aceptar el reparo por no perder el premio ansiado.

-Cuando la tengas hechas, vuelve -y la diosa se marchó al Olimpo de un salto olímpico.

Neptuno, pobre de él, penetró tierra adentro hasta encontrar una gran vega tras de unas

montañas. Considerando el locus adecuado para la piscina, el dios exclamó:

-¡Equilicuá! -que quiere decir "eureka" en latín vulgar, pues es de todos sabido que ni

cultos ni inteligentes eran los dioses romanos de aquellos tiempos arcanos.

Con sus enormes manos y con la ayuda inapreciable de su tridente, allanó el terreno aquí,

levantó un muro allá, hasta parecerle rematada la obra de embalse. Después se llegó a la

ribera del mar y, con grandes palmadas, golpeando el agua para producir inmensas olas, creó

un maremoto que inundó todas las tierras del Sureste de Hispania. Al retirarse las aguas en su

reflujo, quedó (como pretendia) anegada la nueva piscina. Volvió luego a la penosa tarea de

desalar las aguas marinas y arenar el fondo. Como resultas de esta faena, las tierras del

Sureste quedaron sembradas por los cadáveres de los animales marinos arrastrados tierra

adentro por el maremoto.

Entonces volvió a tornar al monte Olimpo en busca de la bella Venus.

-No está -le dijo un dios menor-, hace días que no se la ve por aquí... por estos lares.

Neptuno recorrió los siete mares y penetró en miles de ríos hasta dar con ella. Se bañaba en

las límpidas y transparentes aguas del lago Tiberiades.

-Tardabais tanto en realizar el encargo que yo misma me he procurado el baño -le dijo

impúdicamente la diosa, ya que iba desnuda-. Ya no tiene objeto vuestra proposición.

Neptuno montó en tal cólera divina por el desdén de la hermosa, que, volviendo donde

construyó la piscina,hoy la vega murciana, se lanzó en pompa al agua con toda su gruesa

humanidad inmortal y, braceando furiosamente, logró desaguar el estanque, haciendo ,que el

líquido retornase al mar que pertenecía. Luego, antes de penetrar en el Mare Nostrum, pisoteó

la piscina erigida junto al mar, quedando el Mar Menor como rastro de su paso. Se prometió

no volver nunca más al monte Olimpo, sede de todos los dioses, por no volver a las burlas de

la diosa.

Por otra parte, Murcia es uno de los nombres de la diosa Venus.




Y la moraleja que se desprende resulta evidente:


El amante despreciado

nos quitará lo donado.



FIN

*
Obra de José Ruiz DelAmor
Cuento también publicado en mi blog
http://escritospanochos.blogspot.com/
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***
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jueves, 1 de septiembre de 2011

LA PULGA ILUSA


LA PULGA ILUSA

(fábula en prosa rimada)

Una pulga se movía a su puro antojo por entre el pelaje frondoso de un chucho callejero piojoso, diciéndose a sí misma por no haber conyuge o esposo:
-¡Qué grandes son mis dominios!, ¡qué extensos mis territorios!, ¡cuán feraces surgen sanguíneos arroyos de mis bosques nemorosos! -se decía el insecto pulgoso sin ningún reparo escrupuloso.
Y picó con aire satisfecho la piel del can como quien muerde un trozo tierno de pan.
El perro se rascó presuroso el lomo ante el guizque arremetido y casualmente dio al escarbar con aquel aprendiz de gorgojo, vampiro chupador de sangre, consiguiendo un rápido desalojo con el movimiento de giro de su pezuña entre la pelambre.
-¡Me veo arrojado de mi hogar como un vulgar moroso!... ¿Dónde quedó mi reino sin par, mi enorme imperio glorioso?... -clamaba desolada desde el suelo de cemento la cuitada mientras el perro se alejaba aliviado del ligero sufrimiento.

Fin
*
José Ruiz DelAmor
Murcia, 1 de abril de 2011
Publicado en Espacio de José Ruiz DelAmor
Publicado en SaneSociety.org
*
***
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viernes, 12 de agosto de 2011

EL NIÑO Y EL BARCO DE PAPEL

EL NIÑO Y EL BARCO DE PAPEL

(fábula)

De una hoja de papel rayado que el niño arrancó a su bloc escolar, muy despacio para que le saliera lo mejor posible, haciéndole varias dobleces logró dar forma a la obra que pretendía: un barco, un barquito de papel; trabajo de unos astilleros al por menor. Papiroflexia. Habilidad recientemente adquirida en clase de trabajos manuales; para ser su primera figura de papel construida sin ayuda ni indicaciones externas no le había quedado nada mal. Luego, lo depositó cuidadosamente sobre las mansas aguas de la menguada corriente que nacía en la rotura de una cañería general, que afloraba a la superficie, que moría en la boca de una alcantarilla veinte metros calle abajo.

(La ilusión es un bajel
hecho en hoja de papel.)

El barquito comenzó a deslizarse en la corriente agitado mínimamente por el ímpetu de la escasa fuerza de su arrastre; el niño lo siguió como un perro fiel a su amo, saltando el curso del agua, brincando de un lado a otro, de ribera a orilla, para retirar los obstáculos que obstruirían -a pesar de la previsión algunos lo hacían- su derrota; la escasez de caudad del cauce daba como consecuencia que la quilla del barco rozase el asfalto irregular como si éste fuese un bajío de arrecifes. Antes de alcanzar el barquito la reja por la que se descolgaba al alcantarillado subterráneo el agua, cayó en una pequeña poza en donde giró varias veces sobre sí mismo, escorándose de babor; después, empapado el papel, se tumbó de lado, naufragando.

(La ilusión se deshoja
cuando el agua la moja.)

sábado, 6 de agosto de 2011

EL LOBO Y EL ZORRO

EL LOBO Y EL ZORRO

(fábula)

El lobo y el zorro decidieron aunar sus fuerzas y astucias respectivas para robar comida en una bien protegida granja. Juntos, consideraron posible el obtener éxito allí donde por separado fracasaban ambos. La granja estaba bien surtida de gallinas y conejos, de ovejas y bueyes, de patos y ocas, y toda suerte de animales de clase doméstica.

Una noche, oscura como boca de lobo, pusieron en práctica sus propósitos: robando al mismo
tiempo los dos y por separado, desde dos puntos opuestos, si uno era descubierto, el otro bien
podría conseguir suficiente alimento para saciarse juntos más tarde.


-Ve tú por la derecha, que yo iré por la izquierda -le propuso el zorro ladino al lobo feroz.


El lobo se marchó por su lado señalado, pero no lo hizo así el raposo, que permaneció escondido...
como a la espera.

Pasado un tiempo, el lobo fue descubierto por los moradores de la granja, arrinconándole en una
estancia y siendo encerrado en ella.


Ahora sí, el zorro entró en acción.


Los hombres de la casa se proveyeron de gruesas estacas y bastones y penetraron en el encierro
del lobo para molerlo a estacazos. Las mujeres trataban de ver desde fuera cómo el lobo ladrón era castigado: el espectáculo sería llamativo.


El zorro pudo penetrar impune y tranquilamente en todos los recintos de la vivienda. Sobre la
mesa del comedor se veía una enorme cazuela de pollo en salsa de tomate, de la que el zorro dio
cuenta reposadamente, sin prisa alguna.


Más tarde, se encontraron el lobo y el zorro en un cruce de caminos.


-¡Ay, ay, ay...! -se quejaba amargamente el lobo de las heridas recibidas.- ¡Qué paliza que me han dado esos brutos!... Menos mal que, por lo menos, tú sí habrás conseguido sacar algo de comida, y me podré consolar algo con el buche lleno, para variar, ya que las penas con pan lo son menos... ¡Venga para acá!, dame algo de comer.


El zorro no tenía nada comestible que ofrecer salvo la salsa de tomate que aún embadurnaba sus
morros.


-Sí, sí... Que te dé algo de comer. ¡Ay, si a mí también me cogieron los granjeros y me dieron tal
pie de paliza que me han abierto la cabeza por cien partes!... Mira cómo me chorrea la sangre de la cabeza.

En esto comenzó a desgranarse del cielo una fina lluvia, un sirimiri. El agua que caía fue
limpiando, lavando la cabeza y el hocico del zorro, dejando ver que no había sufrido ninguna
herida.


El lobo ya no necesitó nada más para comprender qué había sucedido en aquella noche aciaga de
marras.


-¡Maldito tramposo!, ¡tú hinchándote a comer mientras que a mí me hinchaban... pero a palos!...


Y fue tal su enojo, que del zorro sólo quedaron por allí, desperdigados, los despojos.


Moraleja:
Quien engaña,
tenga maña.



O también:

Un engaño al año
no produce daño,
mas no es conveniente
ser muy reincidente.



Fin

*

Obra de José Ruiz DelAmor

De "Fábulas Fabulosas"

*
***
*


martes, 26 de julio de 2011

EL RICO QUE ENTRÓ EN EL CIELO

EL RICO QUE ENTRÓ EN EL CIELO

(fabulilla)

Cuentan las crónicas celestiales que un día arcano Las Puertas del Cielo se abrieron de par en par para ceder el paso a la entrada de un hombre rico en el Reino de los Cielos. Era el primero que lo conseguía. Y tal fue el contento general por la buena nueva, que se celebró una gran fiesta celestial como jamás se hubo realizado ninguna otra anteriormente para conmemorar un hecho tan remarcable.

Desde aquel día todas las almas del Cielo añoran aquel día festivo, e incluso alguna que otra ánima ha pecado con el pensamiento al desear que algún ángel de los encargados del papeleo administrativo aduanero del Cielo se equivoque nuevamente.

Esta es la moraleja que
se pasa de boca en boca:
Hasta el mismo Dios a ve-
ces también se equivoca.

*
Obra de José Ruiz DelAmor
Murcia, 20 de mayo de 2011

Y para leer este mismo cuento en versión panocho:
http://escritospanochos.blogspot.com/2011/05/er-ricacho-que-se-zampo-en-los-cielos.html
*
***
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jueves, 14 de julio de 2011

LA ABEJA Y LA ORQUÍDEA


LA ABEJA Y LA ORQUÍDEA

(fábula)


Una abeja macho de la poco conocida especie Eucera nigrilabis volaba por sobre flores, matorrales y árboles en busca de una hembra de su especie con la pretensión natural de copular a fin de reproducirse. Iba en amores incendiado y no se lo pensó un momento cuando vislumbró sobee un tallo a un casi perfecto ejemplar de hembra de su propia especie aguardando con las alas extendidas.

Cayó sin pensárselo sobre ella y halló con grata sorpresa una indiferencia total, que él supuso de aceptación. Comenzó así la cópula que mantuvo durante varios minutos... aunque algo no funcionaba del todo bien; la indiferencia de la hembra no era natural. Demasiada indiferencia, demasiada quietud.

Realizó una inspección a fondo de su partener y pronto descubrió el engaño: No se trataba de una abeja hembra sino de la flor de la orquídea Ophys tenthredinifera, que emulando la imagen de una abeja casi a la perfección le había vuelto a engañar una vez más. Estuvo como un estúpido macho rozando los polinios de la flor, las masas de polen que penden del labelo superior, y gran parte del polen de estos se le habían adherido a su cuerpo piloso. Siempre le confundía la maldita flor al mimetizar su labelo inferior de aquella forma tan convincente.

Se marchó volando confuso, sin cejar por el fracaso en su objetivo previsto de reproducción, cayendo varias veces en la trampa similar de otras tantas flores de la orquídea imitadora, ignorando que el objeto de su vuelo, la reproducción, estaba en realidad dando sus frutos, polinizando todas las orquídeas en las que se posó, aunque esta labor no redundase en aumento de su propia especie sino en otra.

La moraleja es elemental:

Es fácil usar al obseso
que anda loco por el sexo.
*
Obra de José Ruiz DelAmor
De "Fábulas fabulosas"
*
***
*

jueves, 7 de julio de 2011

EL COLOR


EL COLOR

(fabulilla)


Fueron soltadas cien palomas de color blanco, y entre ellas una sola negra. Se dejó libre a un gavilán y fue a hacer de la paloma negra su presa. Luego se soltó un grupo de cien palomas negras, con una única paloma blanca en su seno. Cuando se liberó al gavilán, cazar a la paloma blanca dio por bueno. ¿Por qué eligió una u otra pieza?...

La moraleja es fácilmente explicable sabiendo que la minoría es sacrificable.
*
Obra de José Ruiz DelAmor
*
***
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miércoles, 6 de julio de 2011

EL MOSQUITO Y LA ELEFANTA


EL MOSQUITO Y LA ELEFANTA
(fábula)


Un mosquito ladino posóse sobre los cuartos traseros de una elefanta con intención de picarle

en la retambufa, mas su estilete endeble no se lo permitió.

-Estamos aviados -se dijo el canijo díptero, a su alcance el sexo de la hembra, enorme como

una calabaza madura.

-No te puedo picar, pero te dejaré bien jodida - y puso manos... (bueno, otra cosa) a la obra.

Llevaba el mosquito un buen rato venga a apretar, ante la total indiferencia, por ignorancia,

de la elefante, cuando se dirigió el insecto a su indiferente partener:

-¿Gozas, vida? -inquirió en plena excitación.

-¿Quién me habla? -no sabía la hembra de dónde provenía la menguada voz que oía.

-Sí, sí..., disimula: ¡como si no te gustara! - replicó el mosquito entre arduos esfuerzos para

intentar vanamente alcanzar el clímax.



Moraleja:

Si tu sexo no llena la cavidad,

la falta la cubrirá tu vanidad

*
Obra de José Ruiz DelAmor
Publicado en Iespana.es
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***
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lunes, 4 de julio de 2011

EL EXPLORADOR


EL EXPLORADOR


Harto de su parco mundo, ansioso por conocer más, el pez dorado decidió explorar nuevas aguas, conquistar otros mundos submarinos. Había que arriesgarse, sólo se vive una vez; el conformismo era la muerte prematura.

Asomó la cabeza sobrepasando la superficie de las aguas y calculó el salto necesario para escapar con éxito. Se sumergió hasta el fondo más profundo y se impulsó con la cola todo lo fuertemente que pudo y supo. Voló por el aire durante un segundo, trazando su cuerpo un arco, y cayó. No pensaba que se tardaría tanto en llegar a las próximas aguas. Para él, la caída fue muy larga.

El dueño del apartamento lo encontró muerto y reseco sobre las baldosas del apartamento, fuera de la pecera.



¡Cuántos ignoran que están presos!
*

Obra de José Ruiz DelAmor
De mis "Fábulas Fabulosas"
*
***
*

sábado, 2 de julio de 2011

LOS OJOS DEL SAPO


LOS OJOS DEL SAPO
(fabulilla)

Plantado junto a su charca, el hábil sapo alcanzó al
mosquito en pleno vuelo con su lengua cimbreante. Insertada la lengua en la
parte anterior de su mandíbula, llevó la presa a la boca; el sapo cerró los ojos
para engullir al mosquito, pues éstos, que habitualmente parecen saltones, al
cerrarlos le sobresalen dentro de la boca, al estar el anuro carente de paladar
y empujan la pieza cazada hacia abajo y hacia adentro, colaborando el movimiento
ocular a deglutir la captura.

Sin incurrir en falsía, puede decirse que
los sapos comen literalmente por los ojos.
*
José Ruiz DelAmor
De mis "Fábulas Fabulosas"
*
***
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LA MOSCA SALTARINA


LA MOSCA SALTARINA
(fábula)
La pizpireta mosca revoloteaba alocadamente, intentando cabalgar sobre los haces
de luz solar que se introducían en la habitación reverberando sobre el cristal
de la ventana..., como muy a menudo suelen hacer las moscas que se sienten
encerradas.
El picajoso mosquito, en un rasgo de bondad inusual en él, la
advirtió:
-No vueles de una forma tan alocada, que es fácil que te la des con
algún objeto y caigas, dándote un porrazo.
La mosca no cesó ante esta
prevención del mosquito, y sí respondió así:
-Calla, tonto, si eso pasase no
me golpearía contra el suelo..., ¿acaso no te has fijado que alguien ha puesto
una red debajo?...
La araña seguía reconcentrada las evoluciones de la
saltarina mosca mientras sujetaba un cabo de su telaraña.

Y esta es la
moraleja:
La red que el trapecista
no puso él bajo la pista
mejor sin
usar se deja.
*

José Ruiz DelAmor
De "Fábulas Fabulosas"
*
***
*

EL CERDO QUE QUISO SER HOMBRE


EL CERDO QUE QUISO SER HOMBRE

(fábula)

Érase que se era una vez un cerdo orondo, puerco, infuloso y tan lerdo, que ansiaba convertirse en un ser humano para abandonar su natural condición de marrano; esta era su ansia y manía uno tras otro día. Y sin encontrar –torpe de él- el remedio que le mudase de medio, se pasaba el día y la noche penando con gran derroche de ayes, suspiros y llantos; la causa de su disparatado anhelo le ocasionaba un constante desvelo, pues no lograba dormir entretanto.

Así, copió el animal cochino los mínimos gestos, los andares y ademanes y modales de los granjeros, sus amos, pero ¡ay! estos plagios incluso le resultaron tan fatales que la familia de cochiqueros ¡quita! dio en pensar que aquél era un cerdo algo raro, rarillo, muy cerca de ser un mariquita, y que en el mercado no se vendería caro.

Mas antes del advenimiento de la fecha señalada para que fuese sacrificado el cerdo con amaneramientos de maricón, acertó a pasar un buen mago justamente por el susodicho pago, y como resultaba ser algo vago, buscó en dónde echarse, algún rincón, que encontró debajo de un pino, donde descabezó una cabezadita –no le importó que fuera al raso- antes de proseguir su interrumpido camino. Cerca andaba el cerdo en apariencia mariquita, al que nadie le hacía puñetero caso.

El mago mágico despertóse de su reparador sueño cuando le pringó su mano toda con el hocico baboso el muy marrano, hallándose en tan mal paso.

-¿Qué deseas, amigo cerdo? –Y como era el dueño de la magia, maestro de un gran acerbo, le otorgó al triste cochino la facultad de expresarse en la lengua del mago, que no en chino, pues se trataba de castellano.

-Yo quiero ser hombre –dijo osado el gorrino.

-¿Para qué semejante desatino?

-No deseo ser un cerdo pueblerino.

-Bueno, sea como quieres pues, si tal es tu deseo. Mas como que mucho te dure el capricho no creo, te dejo la posibilidad de tornar a tu condición natural con que tan sólo digas la palabra mágica “¡Patatón!”, dicha con fuerza y en alta voz.

Y el mago se marchó por esos caminos de Dios, caminando tan campante, sin ser el mago de Oz, ni tan siquiera ser de Alicante.

El cerdo se miró, e igualito se vio a como era momentos antes. Y al cabo se durmió pensando que el mago de él se burló.

Se despertó al amanecer y no se lo podía creer: ¡era todo un hombre de muy buen ver!

Abandonó así, por supuesto, la granja y aquella apestosa zanja en la cual se metía cada día con suma alegría y se marchó a la ciudad más populosa que halló. Encontró trabajo y hogar en aquel mismo lugar, y se comenzó a adaptar a su nueva forma de vida, que fuera por él tan deseada y querida.

Mas tras vivir entre los hombres algún tiempo y tras ver cuán falsos eran en el templo, cabizbajos y religiosos dentro y fuera viles engañosos, repudió de ser más un hombre, por mucho que a alguien le asombre.

-¿Para qué quería yo ser hombre en vez de cerdo, a ver, si lo que quería ser ya lo era tal como Dios me hizo al nacer?

Y diciendo “¡Patatón!” se volvió a su condición más natural, la de ser un animal, sin dejar de ser un cerdo igual.

Moraleja:

¡Cuántos quieren mudar su condición
Sin saber que lo que quieren ya son!...


Pero aún no acaba aquí esta historia, a ella incluso todavía aún –valga la triple redundancia- podemos hacerla más bella.

El cerdo regresó nuevamente a su granja y a la, ahora sí, su querida lodosa zanja, y cambió hacia los demás su actitud, viéndole el resto de animales como un cerdo de gran virtud, y no como ellos eran tales…, unos grandísimos animales.

Con el hijo pródigo de regreso, se ganó en alegría entre los granjeros y toda la cochinería. Y así pasó algún que otro día.

Pero… como dice el refrán:

“No todos reciben bautismo
Ni todos observan lo mismo;
Y donde las dan las toman.”


Se llevó al cerdo una buena mañana el granjero en dirección directa… camino del matadero.
-No te me escaparás otra vez, marrano, que más vale pájaro en mano.
El cerdo no pudo decir ni “¡Patatón!” en el momento inesperado de su defunción. Fue troceado el cochino y vendido entre los vecinos del mismo pueblo del cual él fuera insigne convecino.
Y la última moraleja, que es además muy vieja, de esta manera reza:

“Cuántos, al cambiar de condición,
Le ponen fecha a su defunción”.

Así llegamos al FIN,
Como lo hará el delfín.

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Obra de José Ruiz DelAmor

De "Fábulas Fabulosas"

(Este cuento, una versión muy semejante, pues me he tomado la molestia de retocar la presente, forma parte del volumen titulado TE LO CUENTO de la Editorial Ábaco, publicado en el año 2006.)

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